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Camino hacia el fracaso

Escrito por Eduardo Sabatés marzo 15, 2016 10 Comentarios

¿Cuántas veces al día pensamos en el éxito? Muchos suponen que tener trabajos estresantes y con cientos de juntas es el camino para alcanzarlo. Me queda claro que mientras el éxito representa significados distintos para cada persona, el concepto del fracaso es universal.

He sido empresario, innovador, pero también soy un soñador, y durante mi trayectoria me he enfrentado a dos mundos: el de los mercados competidos, de las grandes marcas, con las que se llega a pensar que es imposible contender, y el mundo emprendedor, aquel en el que se piensa que plasmar ideas en papel puede marcar un importante cambio.

Todo esta historia en mi vida me ha permitido concluir 5 pasos que abren el camino hacia el fracaso.

1. El éxito significa dinero… “sin dinero no hay éxito”: 

Comencé mi vida profesional tratando de simplificar los procesos de la compañía de mi padre, créanme la paga no era exorbitante, pero era el inicio para generar un cambio puntual que después se transformaría en la empresa que hoy dirijo.

Tristemente creemos que el éxito es obtener beneficios económicos aunque eso implique trabajos estresantes y sacrificados. Debemos ser sinceros y cuestionarnos qué nos apasiona realmente y cuánto estamos dispuestos a dar para conseguir lo que deseamos.

El éxito tanto profesional como personal está inmerso en nuestras emociones y deriva de nuestras acciones. Si haces lo que te apasiona, dedicar largas jornadas a ello no será un sacrificio; cuidar los detalles en todo lo que haces y ofrecer la mejor experiencia a clientes, socios, colegas y empleados no será una obligación, sino consecuencia natural del placer que obtienes al realizar tu trabajo.

2. No fijarnos metas y fechas:

Solemos pensar en grande, ello implica pensar en todo: presupuestos, inversiones, planeación, proyectos, futuros socios; queremos abarcar tanto que no ponemos fechas para las cosas simples.

Tenemos metas generales, por ejemplo “ser la mejor empresa de software”, pero nos olvidamos de la meta principal: ¿para qué queremos serlo?, ¿qué vamos a cambiar? Tal vez decir que queremos cambiar el mundo de la tecnología suene ambicioso, pero encontremos qué hay colateralmente en esa respuesta, qué hay detrás de cambiar ese mundo ¿más fuentes de empleo?, ¿contribuir con una economía competitiva?, puede haber muchas respuestas.

No está prohibido tener sueños, alcanzarlos es sin duda el mejor motivador, lo prohibido es no ponerles una fecha de caducidad. Plantear objetivos a corto, mediano y largo plazo, debe ser parte de nuestro plan de vida y de negocio, sólo así conseguiremos hacerlos medibles y alcanzables.

Pareciera el texto de una clase de metodología, pero créanme lo que parece más evidente es lo que suelen perder de vista quienes deciden emprender. Estamos llenos de energía, tratamos de no intoxicarnos con temas económicos o administrativos; nos sentimos tan llenos de ideas que se nos olvida fijarnos metas medibles y alcanzables.

3. Confundir el talento con habilidad:

Un error común es confundir al talento con la habilidad. Se dice que el talento es algo con lo que se nace. Es esa inteligencia, aptitud, capacidad para desempeñar alguna actividad, mientras que la habilidad es destreza y para dominarla se debe practicar constantemente.

El problema radica en hacer de esta confusión una mala práctica y confiar en exceso en el talento que tenemos sin practicar nuestras habilidades. Para lograr lo que nos hemos propuesto debemos tener determinación y horas de dedicación a ese propósito sin confiarnos en nuestro talento.

Debemos estar conscientes que ningún emprendedor tiene la verdad absoluta, que en ese mismo momento hay millones de emprendedores más tratando de hacer mejor lo que nosotros estamos creando, debemos aceptar que siempre necesitaremos del mercado, del conocimiento de las grandes empresas, así sea para aprender de sus errores, pero sobre todo de sus aciertos. Debemos aceptar que no estamos reinventando algo que ya existe, pero sí podemos contribuir a hacerlo más resistente y a que tenga diferentes usos.

 El talento es disciplina y las buenas ideas no van a surgir si no estamos dispuestos a mirar nuestro ecosistema, si no estamos abiertos a la diversidad y si no somos capaces de aceptar que debemos practicar todos los días.

4. Culpar al entorno:

Un error generalizado es culpar al entorno de nuestra falta de éxito, culpar a las crisis económicas, a la falta de oportunidades, al país, a la competencia, la falta de recursos, entre un sinfín de agentes ajenos a nosotros ¿la realidad? Todas estas ideas son mentira y son verdad en la medida en que nosotros decidamos que lo sean. Estos factores externos son grandes oportunidades para mejorar o para esforzarnos más.

Si permitimos que estas excusas irrumpan nuestro camino al éxito, lo harán. El recurso más importante para tener éxito está en nuestra cabeza: nuestras ideas, nuestras metas y nuestros sueños.

Ustedes pensarán “¿y quién me dará el dinero para empezar la producción de mi gran invento?” Sencillo, nadie lo hará; cuando decides salir del común denominador estás expuesto a no tener salarios fijos, horarios establecidos ni personas a tu alrededor que te dicten el camino.

Para lograr el capital que necesitas deberás dedicar mínimo un año a investigar y conocer el mundo al que te vas a enfrentar, si no has destinado ese tiempo no te pares en la puerta de las fondeadoras para que patrocinen tu invención, créeme tendrás bajas probabilidades.

Investigar, dedicar tiempo a la observación microscópica no amerita una inversión económica, pero sí tu tiempo, sí disciplina, sí una cultura de organización, sí necesita método. Sólo tú eres el responsable de llevarla a cabo, no tener estas herramientas no es culpa del eterno.

Durante mi trayectoria me he enfrentado a críticas positivas, negativas y hasta cuestionables. “¿realmente esta persona es la indicada para juzgar mi trabajo?” después comprendí que ser cuestionado fue una de las mejores  cosas que pudo pasarme. Estar expuesto tiene sus ventajas y puede culminar con un aporte muy valioso si sabemos darle un enfoque positivo y pro de mejorar nuestro negocio.

Si por momentos las cosas no suceden como pensabas no olvides que el fracaso es lo mejor que te puede pasar. Finalmente quiero que te cuestiones lo siguiente si es que ya te has decidido a emprender: ¿Por qué las grandes empresas, el gobierno, las incubadoras de negocio y en sí todo el mundo apuestan tanto por la gente con buenas ideas? La respuesta es sencilla: porque no se pueden producir en serie

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10 Comentarios

Martín Creixell abril 12, 2016 at 3:32 pm

Gracias mi querido Lalito, es para ponerlo en el espejo y poder leerlo todos los días .

Un abrazo

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Alberto I. Riveroll C. julio 25, 2016 at 4:49 pm

Realmente muy completo Lalo Felicidades, habria tambien que trabajar la autoestima, factor importante que se desarrolla en nuestras casas con nuestros Padres se puede tener Talento e incluso desarrollar ciertas habilidades pero la seguridad en uno mismo nos permiten desarrollarlas a plenitud , si no, el miedo la inseguridad y la duda nos paraliza, Papas tenemos trabajo que hacer…. Abrazo.

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Eduardo Sabatés
Eduardo Sabatés julio 26, 2016 at 2:28 pm

Concuerdo con tu comentario. Recibe un cordial saludo, Alberto.

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Eduardo Sabatés
Eduardo Sabatés julio 26, 2016 at 4:50 pm

Mi querido Alberto, el miedo siempre va a existir, muchas veces el miedo surge porque ante la posibilidad de arriesgarse hay dudas que pueden costarte caro si emprendes. En mi experiencia la manera de disipar esas dudas es enfrentando la incertidumbre investigando, cuando investigas obtienes respuestas, cuando obtienes respuestas sabes a lo que te enfrentas, cuando conoces a lo que te enfrentas puedes decidir con seguridad si tomas el riesgo.
Muchas gracias por escribirme. Te deseo lo mejor.

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Patricia Cabrera Zagal septiembre 14, 2016 at 2:30 pm

Eduardo Sabatés, estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, pero hay algo que nadie deja claro, y es que este planteamiento es desde la perspectiva de un innovador comercial. Existen muchos otros tipos de innovadores que no se les puede recomendar esto pues estarían abordando dos mundos. En realidad el innovador que no es del tipo comercial debiera asociarse con uno que sí lo fuera y viceversa también, pues sería injusto pedirle al innovador comercial que creara ese producto tecnológico innovador, que fuese comercial.
Resumiendo, no esperemos que nuestra innovación sea comercial, si es por eso Steve Jobs no habría hecho nada, desarrollemos lo nuestro y busquemos a quien la haga comercial.

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Eduardo Sabatés
Eduardo Sabatés septiembre 20, 2016 at 5:01 pm

Muchas gracias por tu comentario, Patricia. Lo que te puedo decir, con base en mi experiencia, es que la innovación no la clasifico, ya que se puede innovar en muchos temas: en productos, servicios, en la cadena de valor, en los procesos, en cómo llegar al mercado; inclusive en la forma de vender. Lo importante es que cuando te pones a innovar, debes conseguir un beneficio para la organización y esto se puede reflejar en hacer simplificar las actividades, para que ello se refleje en ahorros o en mayores ingresos, ya que estás generando valor que el mercado está dispuesto a pagar por obtenerlo y usarlo. Asimismo, hay un costo implícito; es decir, innovar cuesta, ya sea invirtiendo tiempo y recursos económicos.

Los emprendedores, lo que buscamos, es que el producto que lancemos al mercado tenga éxito, que lo compren y lo usen; es por esto que recomiendo que cuando te lances, lo hagas con innovaciones ya que esto puede ser mejor aceptado por el mercado.

Y respecto a tu comentario de Steve jobs, pondero que él era más un innovador comercial que tecnológico; tenía la capacidad de imaginarse cómo sus productos y servicios serían dominantes en el mercado; a su vez, generarían valor, ventas e ingresos. Si no hubiese pensado lograr lo que muchos conocemos, tal vez no se hubiera arriesgado. Ahora es más que sabido que revolucionó la industria de la música, las microcomputadoras y los teléfonos entre otras cosas.

Muchas gracias por tus argumentos, Patricia. Recibe un cordial saludo.

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Ivan Franco octubre 6, 2016 at 9:41 pm

Muy interesante. Me quedé pensando en el mundo de las grandes marcas con las que se piensa no se puede competir. Diversas ideas quizá deben pasar por ese proceso de competir contra las grandes marcas. A partir de ahí, pueden tomar un lugar en el mercado, o bien, salir. Ese proceso me parece que es el más retador. Realmente, me gustaría saber Eduardo, su opinión, si tiene algún comentario al respecto. Saludos y muchas gracias.

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Eduardo Sabatés
Eduardo Sabatés octubre 11, 2016 at 8:51 pm

Competir contra las grandes marcas es un reto muy grande; todo depende de lo que estés buscando. Si buscas competir contra una marca grande, primero tu producto debe estar mucho mejor; segundo, el nicho en donde lo quieras ofrecer tiene que estar seguro que no tienen presencia; y tercero, el servicio que ofrezcas a tus clientes debe ser mucho mejor e innovador.

Normalmente las marcas grandes se mueven más lento y cuando uno es pequeño lo puedes hacer más rápido.

El riesgo de irse por este camino es que la marca grande reaccione y pretenda entrar a tu mercado y hay que defenderse.

Los mercados son muy grandes y es muy difícil que un solo competidor lo acapare. Siempre hay nichos desatendidos y el mercado siempre busca tener varias opciones; no les gusta depender de un solo proveedor. Siempre hay oportunidad, y eso está pasando. No les tengas miedo: ¡enfréntalos con un mejor producto!, en un nicho que no estén presentes y con una forma innovadora y distinta de dar servicio.

Gracias por tu comentario. Espero te haya contestado. Recibe un cordial saludo.

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Patricia Cabrera Zagal octubre 7, 2016 at 2:15 pm

Para tener determinación y horas de dedicación a un propósito, ese propósito debe ser nuestro Objetivo Vital porque el emprendimiento es una tarea de largo aliento, si no muy luego las dificultades nos harán pensar en cambiar de propósito.

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Eduardo Sabatés
Eduardo Sabatés octubre 10, 2016 at 9:10 pm

Concuerdo con tu argumento, Patricia: el emprendimiento no es una labor sencilla; por ello, aparte de ser apasionados, debemos ser disciplinados, experimentar todo el tiempo y aprender de los fracasos que se presenten. Asimismo, plantearnos ideas, metas y objetivos reales. El emprendedor debe ser apasionado y aventurado, pero también analítico, estudioso de su entorno y muy dedicado.

Gracias por comentar. Recibe un cordial saludo.

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